En los últimos veinte años, España
ha pasado de la condición de receptor de ayuda
oficial al desarrollo (AOD) a la condición de
donante, cuya política de cooperación
al desarrollo, inspirada en la Constitución,
expresa la solidaridad del pueblo español con
los países en vías de desarrollo y, particularmente,
con los pueblos más desfavorecidos de otras naciones
sobre la base de un amplio consenso político
y social a escala nacional.
En ese mismo periodo se ha completado nuestra integración
en las estructuras de decisión euroatlánticas
y mundiales: nuestro acceso a la Unión Europea,
nuestra participación plena en la OTAN y en la
Organización Mundial de Comercio, nuestro ingreso
en el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE
y nuestra presencia en importantes Cumbres de Naciones
Unidas que se han ocupado en los últimos años
de cuestiones claves en la cooperación al desarrollo.
Esa misma evolución nos ha colocado en la escena
internacional como un país con amplias responsabilidades,
octavos contribuyentes a Naciones Unidas, con influencia
e intereses en Iberoamérica y en otras regiones
y países con vinculaciones históricas
y culturales con España.
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